noviembre 11, 2010 Publicaciones No hay comentarios

image

Me descolocó la muerte de Rubén Basoalto. Pongo lo que en facebook pensamos algunos.

Cali

Juan Carlos Villalonga No! no puede ser! Acabo de llegar de viaje al mediodía, buy cialis me encontré con el libro de Pujol sobre canciones argentinas que había dejado sobre un sillón y por unas líneas que leí a la pasada me puse a escuchar a Vos Dei!!

Les juro que recordé esa emoción que tenía cuando Vox Dei empezaba a tocar, y algo grosso se nos abría … desde el escenario. Ahora tengo que leer esto!

Fotos del muro

Adiós al baterista fundador de Vox Dei, Rubén Basoalto.

De:El Tercer Fantasma

04 de noviembre a las 20:46 Amigos de amigos ·Me gustaYa no me gusta · Comentar · Ver comentarios (10)Ocultar comentarios (10) · Compartir

A Nicolas Barroso, try Liliana Olivia Oliva, Marina Perry y otras 2 personas más les gusta esto.

  • Gustavo Omar Pagani Gran banda de mis pagos!!!

    04 de noviembre a las 21:11 · Me gustaYa no me gusta

  • Juan Carlos Villalonga es muy triste

    04 de noviembre a las 21:17 · Me gustaYa no me gusta

  • Marina Perry una gran perdida 🙁

    04 de noviembre a las 22:42 · Me gustaYa no me gusta

  • Julian Harf ?"Confundida, ambulance aturdida,
    que mal estar así
    te ha dejado ese amigo
    especial para ti.

  • 04 de noviembre a las 23:33 · Me gustaYa no me gusta

  • Gustavo Omar Pagani Por cierto, grandes musicos, de grandes bandas, y casi olvidadas, sin darles el valor que merecen…

    05 de noviembre a las 12:12 · Me gustaYa no me gusta

 

Del libros “Canciones Argentinas” de Luis Pujol.

«Libros sapienciales»  (Soulé)

El 13 abril de 1966, los lectores del London Evening Standard se desayunaron con unas declaraciones de John Lennon destinadas a encender la polémica: «El cristianismo pasará; Los Beatles son más populares que Jesús». Inmediatamente, los chicos de Liverpool fueron excomulgados y sus discos destruidos por el fuego de las hogueras fundamentalistas del Sur estadounidense. Tan grande fue el revuelo que se armó, que John tuvo que salir a explicar lo que realmente había querido decir: que la cultura pop estaba en todas partes, que quizás el arte era la nueva religión de los pueblos. Pero muchos siguieron pensando que Los Beatles —el rock en general— eran gente del Demonio.

Sólo cinco años más tarde, en la remota Argentina, un grupo de rock llamado Vox Dei —justamente–, que venía de una muy exitosa canción llamada «Presente», concibió el álbum hasta ese momento más ambicioso de la música joven del país. Algo así como La Misa Criolla de Ramírez y Luna pero en ritmo beat, o progresivo, para decirlo con la palabra clave de la época. La Biblia de Vox Dei era la misma de los creyentes, pero contada con la gracia de la música. Y era un álbum, no una serie de canciones. En tiempos de «álbumes conceptuales», cuando toda banda de rock que se preciara de tal debía producir un LP cuyo significado general superara holgadamente el de cada una de sus partes o canciones, Ricardo Soulé decidió ponerle música a un texto infalible. ¡Qué parceiro que se buscó!image

Vox Dei se propuso trascender aquella confrontación espectacular del 66: si rock y la religión podían armonizar, pensaba el guitarrista y compositor Ricardo Soulé. Las canciones de los jóvenes devendrían en vehículo para comunicar el texto sagrado de la civilización judeocristiana, toda vez que, bien leído, el ethos de la década rebelde contenía algo del relato original de la fe cristiana. Hoy que existe la categoría «rock cristiano» —en Estados Unidos, lógicamente— no suena tan raro este acercamiento. Pero nada era tan sencillo entonces. Para entender la cristianización del rock, a la que pronto Raúl Porchetto haría su aporte con «Cristo Rock», debemos tener en cuenta que, en el contexto de la vida nacional de principios de los 70, un sector de la Iglesia católica se propuso transmitir una imagen aggiornata de la institución. Por su lado, el rock argentino era el sonido de la disconformidad, con algo de crítica franciscana a la vida burguesa. Por ende, idealmente desprendida del decurso histórico de la Iglesia, la Biblia no podía menos que atraer al joven sediento de mensajes espirituales y « antimaterialistas ».

Por supuesto, para la Iglesia fue grato saber que unos muchachos de <(la progresiva» se sabían al dedillo La Biblia. ¿O acaso los curas no buscaban acrecentar el número de jóvenes deseosos de participar de la vida parroquial, allí donde muchas veces la guitarra acompañaba los picnics de la fe? Un tanto cauta al principio, la Curia terminó apoyando el disco con entusiasmo. El bajista Willy Quiroga le contó a Ezequiel Avalos lo bien que cayó la adaptación de la Biblia hecha por Soulé. Monseñor Emilio Grassellj, a la sazón ci principal nexo que la Iglesia argentina tenía con el Papado, pidió leer las letras de «Génesis», «Moisés», «Los libros sapienciales» y el resto del material. Grasselli, que en tiempos de la dictadura jugaría un papel nefasto, quedó sorprendido del poder de Síntesis de los músicos y anunció que el espíritu del texto sagrado había sido respetado.

A diferencia de lo que poco después fue Jesucristo Superstar, la obra de Vox Dei no planteó ninguna relectura revolucionarjj de las Sagradas Escrituras. La forma rock, en todo caso, significaba por sí misma una cierta voluntad transgresiva. Al presentarse La Biblia en el Teatro Alvear, un público variopinto llenó las plateas: rockeros, monjas y curas Compartieron esta misa de los tiempos contraculturales

No obstante ser un disco concebido como unidad, La Biblia tiene algunas canciones más lindas que otras. Después de vacilar entre «Génesis» y «Libros sapienciales», me quedo con la segunda. Tiene una extensión de 7:34, y las sucesivas versiones no bajan de los 7 minutos. Se trata, por consiguiente, de una medida poco «radial»: otros fueron sus canales de difusión. Con su sonoridad de trío eléctrico y sus aires épicos a lo Procol Harum —toda una referencia progresiva de aquel momento—, la canción se conforma de dos partes. La primera está en tono menor y se desplaza sobre la séptima en el bajo decreciendo cromáticamente, en un movimiento cadencial bastante usual en el rock. Y en cuanto a la letra, ¿quién no la recuerda, con sus imágenes tan sagradas corno bucólicas?:

De sol a sol

labrando tierra tendrás tu pan

todos los ríos van al mar

pero éste nunca se llenará

todos los ríos siempre volverán a donde salieron

para comenzar a correr de nuevo

lo que siempre hicieron repetirán.

Precedida de un interludio instrumental bastante extenso —solo de guitarra en la versión original y de violín en las sucesivas—, la segunda parte modula a tonalidad mayor y despliega una melodía menos recurrente. La verdad es que estamos ante un gran momento de la canción argentina. Tal vez las voces no estén a la altura de la composición; quizá Vox Dei carezca de la pericia instrumental que el tema reclama. Pero qué melodía, qué acordes. Un ligado muy expresivo nos introduce en un clima de lied romántico:

Buenas y malas son

cosas que vivo hoy.

No es esta tierra, no,

sueño color azul.

Y de pronto la línea melódica sobrepasa su cauce, se fuerzan un poco las relaciones tonales y hay que apuntar alto si uno quiere llegar a esas notas. Ésta es la parte más potente de la canción y posiblemente de toda La Biblia:

¿No es quizá que no sé mirar

cuánto, cuánto hay a mi alrededor?

Más de lo que mis ojos pueden mirar y llegar a ver.

Estas son razones que dicen

que sólo sé, que sé querer,

y que tengo Dios y tengo fe,

y que doy amor y puedo ser.

Para muchos de nosotros, la conmoción de La Biblia poco y nimage ada tuvo que ver con el orden de las creencias, salvo que pensemos que todo misterio tiene una explicación religiosa. En efecto, el disco de Vox Dei encerraba algunos misterios, al menos así nos pareció entonces. Desde esa tapa con el nombre del grupo sobre una pared raída hasta la continuidad de sus letras y sus músicas, en un todo tan programático, tan cargado de significados, tan pesado en su contenido, La Biblia fue una de las mayores aventuras auditivas de nuestra adolescencia. Y esos músicos, entre la rusticidad y la sutileza, ¿de dónde habían salido? ¿Cómo se les había ocurrido un plan tan desmesurado?

Si a principios de los 70 a muchos se nos despertó una curiosidad hermenéutica, aquélla tuvo más que ver con las búsquedas incitadas por la música progresiva en la Argentina que con la palabra del Señor. Y así sigue siendo, casi 40 años después. Busco en Google el libro La Biblia: 6 millones de sitios. Por su parte, Los Beatles, esos cuatro sacrílegos, llegan a los 35 millones.

 

 

“Libros Sapienciales” de La Biblia edición de Página/12 (1997). Rubén Basoalto (batería); Willy Quiroga (Voz, bajo); Ricardo Soulá (voz, Guitarras, violín); Andrés Calamaro (voz); Juan “Pollo” Raffo (teclados)

(La tapa del CD indica la producción de la reedición de 1993 de Dianielito Gonzalez, amigo y compañero de aquellos años de Acuarela, él con su “Rocksario” siempre en las salidas de los conciertos).

Written by Juan Echeverria