noviembre 2, 2017 Publicaciones No hay comentarios

Es un truco eficaz siempre y cuando haya en frente un público que desea ser parte del truco. Requiere una parte de complicidad de parte del interlocutor.

Es sencillo, uno puede explicar los peores dramas y develar cada uno de los desafíos que atormentan a la humanidad tan sólo apelando a una única y eficaz explicación: el capitalismo.

Esta eficaz explicación tiene un efecto contundente, inapelable. Quien la dice se coloca en posición de audaz intelectual crítico que ha arribado a tal conclusión de manera trabajosa y rigurosa. El interlocutor debe asentir ante semejante contundencia y renunciar a seguir con sus ingenuos intentos por entender la realidad pasando por alto tan obvia explicación.

La verdad que encierra tal aseveración es una simplificación tal que podría considerarse una obviedad, una total pavada; al mismo tiempo es un error profundo que demuestra un completo desconocimiento de la historia y la verdadera complejidad de los desafíos contemporáneos.

Resultaría verdadero decir que el “capitalismo” hambrea gente, destruye el ambiente, genera guerras y sojuzga pueblos enteros. Claro, puesto que las relaciones económicas predominantes en el mundo se basan en relaciones “capitalistas” no hay ninguna posibilidad de equivocarse al hacer semejante afirmación, al menos, aparentemente. Si el capitalismo domina y existen injusticias, uno puede, sin ningún esfuerzo probatorio, culpar al capitalismo de tales estragos.

Lo anterior representa la “fortaleza” retórica de tal aseveración. Pero el truco se completa con la implícita idea de que quien lo dice es portador de la opción “no-capitalista”.

Quien se coloca en ese papel de portavoz de la retórica “anti-capitalista” tiene el coraje y la temeridad de hacerlo sin tener la más pálida idea de qué estaría proponiendo. Pero lo hace, porque el truco funciona. Porque casi nadie pregunta: “¿y cómo sería ese no-capitalismo?”.

Si hiciéramos esa pregunta lo más probable es que escuchemos los lugares comunes y las consignas agotadas hasta el cansancio de la izquierda en sus múltiples variantes: obrerismo, autogestión, control popular, lucha campesina, etc.etc.

Bien, sabríamos entonces que lo que el presunto anti-capitalista tenía para ofrecernos es lo que hemos venido escuchando fatigosamente desde hace más de un siglo. Las mismas recetas que sistemáticamente vienen fracasando o no han resultado convincentes en ningún sitio del planeta.

El truco allí mismo se desvanece.

Culpabilizar simplonamente al “capitalismo” de todo, es una patraña argumental.

Ahora bien, que lo anterior sea una argumentación sin ningún sentido práctico ni político, no quiere decir que no haya que buscar respuestas a los interrogantes que constituyen los grandes dilemas de nuestra sociedad. Entender el truco autosatisfactorio del izquierdismo no nos releva de la responsabilidad de encontrar obstinadamente un camino que nos conduzca a un futuro mejor que el dramático presente.

Las respuestas seguramente serán más complejas, menos contundentes, más trabajosas, menos claras. Seguramente deberán ir apareciendo a medida que damos pasos, y quizás no sean siempre pasos heroicos o configuren epopeyas históricas.

No creo que las respuestas a los dilemas ambientales y sociales que enfrenta la humanidad vayan a surgir de esa pirotecnia argumental y esclarecimientos de 140 caracteres.

A  todo esto, ¿Cuáles son tus presunciones o certezas para intentar alguna respuesta a estos interrogantes?

 

2017, centenario de la Revolución Rusa

Written by Juan Carlos Villalonga