Es notable como funciona la cabeza de tanta gente que busca siempre el pensamiento cómodo y la no reflexión, pharm sin cuestionarse conceptos preconcebidos o admitir realidades novedosas que puedan modificar su entorno de “verdades”. Esa “tanta gente” suele ser la más politizada. Politización que suele ser simple dogmatismo de manual.

En este este sentido, health me ocurre a menudo tener conversaciones casi asombrosas, en particular por mi relación con el PRO.

Mi acercamiento al PRO y mi decidida participación en ese espacio se debe a que, illness superados una serie importante de diferencias y discrepancias sobre la gestión en Buenos Aires, lo considero el espacio político más renovador, más atractivo para las nuevas generaciones y el más poderoso a la hora de insertarse en el contexto contemporáneo, nacional e internacional. Atributos que me parecen básicos para una fuerza política que pretende transformar la realidad.

Ahora bien, el origen “liberal” de muchos de los cuadros del PRO  (en absoluto la totalidad) hace que operen mecanismos “ideológicos” que está seteados para rechazar lo que venga de ese lado. Si fuese eso solo, sería relativamente fácil discutir la validez o no de tal rechazo y no pasaría de una sana discusión sobre la praxis política más adecuada para el aquí y ahora. Pero no, lo peor es la pereza intelectual.

La pereza intelectual, opera de diversas formas. Una de ellas, la más  popular, es etiquetar de “derecha” a lo diferente y aquelllo que puede desafiar nuestras creencias. Entonces, si lo que difiere de mí es de  “derecha” automáticamente eso me coloca a la “izquierda” de esa “derecha”. De ese modo podemos seguir presumiendo que estamos “a favor del pueblo” aunque apoyemos los gobiernos más oligarcas, corruptos, aristocráticos, monárquicos y demás bellezas que nos ofrece el populismo rampante. Eso sí, siempre que venga con el packaging correcto.

Si la cabeza de tales personas no actuase de ese modo, deberían revisar periódicamente sus ideas como se revisa cada tanto el motor de un auto o la actualización permanente de los mapas del GPS. Siento que es muy oneroso para el pueblo, la ciudadanía o la gente (como gusten denominarlo), la falta de revisión de ideas de tanta gente que cae presa de sus dogmas. Así, votan y apoyan aquello que, a las claras, es una chapucería fenomenal.

Written by Juan Carlos Villalonga