La transición al transporte eléctrico significaría para la región un ahorro de 85 millones de dólares en combustibles hasta 2050. En la Argentina el ingreso de vehículos eléctricos está liderado por los utilitarios debido a que todavía su costo es alto. Se prevé que el reemplazo del transporte público por este tipo de vehículos agilice la transición.

“Argentina puede desarrollarse económicamente promoviendo un sector industrial potente, ser líder en la región y además estar contribuyendo al cambio climático. Es una oportunidad más que un desafío y tener un anteproyecto de Ley en el Congreso de la Nación que quiera incentivar la movilidad eléctrica, que quiera crear las condiciones para que la Argentina tenga esta producción Nacional es muy importante. La cuestión es cuán rápido pueda salir esta ley para ya poder poner incentivos en el mercado similares a los vistos en otras ciudades como en Santiago de Chile, donde el año que viene se van a cambiar 125 colectivos a modelos eléctricos y para el año 2025 planean cambiar un cuarto de la flota del Transantiago a eléctrico. Con esa masa de vehículos lo que sucederá es que se bajará el precio de los autos eléctricos y serán más accesibles para todos. Esto se hace a través de la política pública y la ley que se está discutiendo acá permitirá replicar esta situación”, destacó a La Prensa Gustavo Máñez, coordinador regional de Cambio Climático de la agencia de Naciones Unidas, en el marco de su exposición en la Jornada sobre Movilidad Sustentable en Latinoamérica, evento organizado por el Diputado Juan Carlos Villalonga en el edificio anexo del Senado de la Nación.

El legislador Nacional cuenta con un proyecto de Ley de vehículos eléctricos donde propone el cambio de la matriz energética, aplicando modificaciones no sólo en la generación de energías limpias, sino a través de la demanda.

En el texto normativo se propone que la “flota vehicular afectada al uso del Estado Nacional será gradualmente reemplazada por vehículos eléctricos en el marco del Plan Estratégico Nacional de Movilidad Eléctrica, con un mínimo del veinte (20) por ciento cada cinco años”.

La iniciativa estaría en sintonía a lo que varias ciudades en la región han venido implementado en los últimos meses.

En el caso de Buenos aires, el gobierno porteño espera poner en funcionamiento a fin de año ocho colectivos experimentales, de manera de acceder a una primera evaluación, en una flota que tiene 13.000 colectivos. Cada unidad cuesta entre 350.000 y 500.000 dólares. Su autonomía, es decir la distancia que pueden recorrer con una carga de baterías, varía entre 80 y 200 kilómetros, según el modelo y que sea de carga rápida o lenta.

TRANSICION

En tanto, el especialista de la ONU remarcó que la transición en el uso de vehículos de transportes no es algo nuevo. Ya a principios del siglo pasado se veía registrados en fotografías de las calles de Nueva York carruajes tirados por caballos que en menos de una década eran reemplazados por vehículos alimentados por combustibles fósiles.

“Si los fabricantes ven que hay un mercado y que el público en general está interesado en este tipo de movilidad van a venir. Además, sobre el tema de la infraestructura es muy interesante porque todos en sus casas tienen la posibilidad de recarga. Ahí mismo podés cargar un vehículo, no hay que hacer nada nuevo. La cuestión es si querés tener una estación de recarga ultrarápida que te lo carga en una hora”, enfatizó el funcionario de la ONU.

Luego agregó que “uno tiene a su auto guardado como mínimo ocho horas por la noche. De hecho, la media del uso de un vehículo privado en América Latina es de tres horas al día. Estando en el trabajo o el hogar se puede estar cargando. Por eso, para mí el debate de la recarga y de la infraestructura es tan secundario que no tiene un impacto. Lo que hemos visto en otros países, como los nórdicos, es que las autopistas de largas distancias, los restaurantes y centros comerciales instalan estaciones de recarga para atraer al usuario del vehículo eléctrico. También si el dueño del vehículo se está tomando un café te regalan la recarga porque es algo económico frente a lo que cuesta cargar con combustible fósil”.

Según los dos especialistas en movilidad sustentable la diferencia ente el costo de llenar completamente un tanque y cargar una batería será otro aliciente para adquirir vehículos electrónicos.”Cuando la gente calcule cuánto dinero al año van a estar pagando por la nafta y lo que les costaría llenar la batería del vehículo eléctrico, va a ser diez veces menos. Si añadido a esto tenés incentivos del Estado que te favorecen manejar en zonas que antes no podías y que en otros países lo permiten por ejemplo en el Carril bus, de repente tienen más cosas que te atraen. Y si esto sucede ganamos todos por la salud, el medio ambiente, el cambio climático y nuestros bolsillos”, subrayó Mañez.

Actualmente, las ventas en el mercado de los vehículos electrónicos en la Argentina es liderada por los modelos utilitarios como es el caso del modelo de Renault Kangoo Ze que tiene un costo de 707,600 pesos en su versión más económica. Una cifra muy alta para una familia estándar.

“Los que han comprado estos modelos son empresas que les dan un uso intensivo diario a estas unidades. A ellas les sirve esto porque amortizan rápidamente el valor del vehículo. Creo que tardará un tiempo en que baje el valor para hacerlo accesible a una familia aunque seguramente lo podrán comprar las personas con más dinero para gastar. Pero esto es sólo por un tiempo ya que la misma situación pasó con la computadoras. Primero las compraron las empresas, las personas acomodadas y luego se fue volviendo accesible para la mayoría de las personas. Hoy tenés una computadora hasta en un teléfono”, enfatizó Villonga.

POLITICAS PUBLICAS

Por otra parte, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente presentó en 2016 un documento de 84 páginas titulado “Movilidad Eléctrica. Oportunidades para Latinoamérica”, en el que sostuvo que el cambio significaría para la región una disminución de 1,4 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono, responsable de 80 por ciento de las emisiones de los GEI, y un ahorro de 85.000 millones de dólares en combustibles hasta 2050.

La importante reducción permitiría alcanzar los estándares establecidos en el Acuerdo de París, al que la Argentina está adherido, sobre cambio climático. Allí se establece el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados C en comparación con los niveles preindustriales, y de continuar los esfuerzos para limitar el calentamiento a 1,5°C.

Las políticas públicas en torno al cambio de paradigma de la movilidad cumplirá un papel clave para su efectiva adhesión en el mercado productivo sustentable de un país.

“Creo que un proyecto de Ley lo que hace es mandar una señal muy directa al mercado de que Argentina quiere ir hacia esa dirección. Si es una normativa ambiciosa se verá cambios como lo que estamos viendo en los países nórdicos o en China. Los distintos actores del mercado como los fabricantes y que comercializan las unidades se van alinear y poner en disponibilidad estos vehículos en el corto plazo. Es crítico que haya una Ley que mueva a todos los sectores económicos en juego y lo grave sería no crear un ecosistema de servicios locales alrededor de la movilidad eléctrica para que no sean solamente las multinacionales extranjeras las que vayan a ganar de la venta de estos vehículos sino también una serie de empresas nacionales que hagan reparaciones, componentes y aplicaciones digitales relacionadas a la movilidad eléctrica”, destacó Gustavo Máñez.

Por su parte, Villalonga fue categórico sobre el atraso que tiene el país en el desarrollo en torno al transporte. “Nos estamos poniendo al día en algo que tiene un atraso de muchos años. Nos seguimos matando en rutas. La Argentina tiene que hacer cosas que ya están en marcha como mejorar las rutas que también hacen a la sostenibilidad del transporte”, enfatizó el legislador.

 

La Prensa, 4 de junio de 2018.

Written by Eugenia Testa