Un vaso de agua

Hoy se publica en el Crítica una crónica de aquel concierto de Elis Regina en Montreux. La anécdota la conté anteriormente, una noche en la que inexplicablemente Elis sufrió e hizo sufrir a todo su entorno. Por mucho tiempo disfruté del dueto con Hermeto Pacoal, luego supe que eso fue un duelo de titanes, ahora sufro cuando lo escucho.

Cali

Elis & Hermeto

Nelson Motta, 19.03.2010, Diario Crítica

En julio, fui a cubrir para O Globo y la TV Globo el Festival de Jazz de Montreux. La gran estrella de la “Noche Brasileña” era Elis Regina, que después de 15 años había salido de Polygram para firmar con su viejo amigo André Midani en la Warner. La grabación de un disco en vivo en Montreux era parte importante del nuevo contrato, para dar un impulso a su carrera internacional. Con César Camargo Mariano y un pequeño grupo de músicos de alto nivel, Elis montó con César y André un show con sus grandes éxitos, hasta incluso “Upa neguinho”, pocas canciones políticas y, medio contrariada, más de bossa nova de lo que le hubiera gustado: eran obligatorias en el circuito internacional. Los arreglos eran simples y eficientes, como escuché en el ensayo en la víspera del show, pero sin mayores brillos y sorpresas, al menos para los oídos brasileños. Elis estaba nerviosa, pero procuraba calmarse cantando técnicamente, a media voz, repitiendo divisiones rítmicas, ensayando finales. La capacidad del Casino de Montreux estaba agotada hacía días y Hermeto Pascoal, que venía de grabar con Miles Davis e idolatrado en los medios jazzísticos como un “brujo de los sonidos”, haría la primera parte de la “Nuit bresilienne”.

Después del ensayo, impresionado con la multitud que quería ver a Elis y no tenía entradas, el director del festival, Claude Nobs, presionó a su viejo amigo André, que convenció a Elis de hacer una matiné extra, a las tres de la tarde, en el día del show.
En la matiné superllena, Elis arrasó. Cantó con seguridad, técnica y discreta emoción un repertorio de alto nivel, ya muy conocido por los brasileños pero encantador para el público internacional. Hizo el show como si fuese un ensayo general, como una preparación para la gran noche.

A la noche, en el show de abertura, Hermeto Pascoal y sus músicos hicieron que la casa se viniera abajo, fueron aplaudidos de pie durante 15 minutos, con el público gritando y exigiendo más. Después de un intervalo de media hora, con una orquídea azul en los cabellos, como Billie Holiday, Elis entró en el escenario del Casino de Montreux. Con un vestido largo y un peinado que la hacían más vieja, Elis parecía nerviosa y tensa, cansada e intimidada, cuando comenzó a cantar. Con diez minutos de show, transpiraba mucho y parecía exhausta, haciendo mucho esfuerzo para cantar. No cantaba mal, cantaba con precisión y cautela, sin intentar ningún efecto. En las bambalinas André entró en pánico, pensó que Elis iba a desmayarse. Subió al escenario con un vaso de agua, que ella bebió inmediatamente. El show continuó. Para los periodistas brasileños, el repertorio era por demás conocido, los arreglos demasiado discretos y la performance de Elis con mucha técnica y poca emoción, casi burocrática. Sin embargo, los extranjeros estaban maravillados con su afinación, su timbre bellísimo, su técnica impecable, su tensión creativa. En el escenario, Elis sufría intensamente, como si no estuviese haciendo lo que más le gustaba en la vida, sino cumpliendo un doloroso deber. El show terminó con muchos aplausos, pero mucho menos intensos de los que había recibido Hermeto. Elis estaba exhausta y salió rápidamente del escenario. En medio del griterío, Claudio Nobs llamó de vuelta a escena a Hermeto Pascoal, que vio todo el show de Elis desde bambalinas. Recibido con una espectacular ovación, el brujo albino se encaminó victorioso para el piano, en tanto, de sorpresa, Claudio llamaba de vuelta a Elis Regina.

Siempre altamente competitiva, Elis sabía que había perdido la noche con Hermeto. Frustrada y furiosa, entró en el escenario pisando duro y sonriendo tensa al público. Silencio total, piano y voz. Hermeto empieza a tocar “Corcovado” cuando Elis comienza a cantar, sus armonías brotan del piano haciendo cada vez más difícil para Elis –o para cualquier otro cantante del mundo– mantenerse dentro de la misma tonalidad, tantas y tan sofisticadas son las transformaciones que Hermeto impone, convirtiendo el viejo clásico casi irreconocible, genialmente irreconocible. Y Elis, ahí, respondiendo a todos los saques del brujo con una precisión que lo espantaba y hacía cambiar aún más los rumbos de una canción no ensayada.

En la cuerda floja y sin red, Elis cantaba como una bailarina, como una guerrera, como un músico. Hermeto arreglaba sus ojos rojos detrás de los lentes. Elis crecía con cada nota, con cada frase de sus improvisaciones y scats, con cada compás de su duelo con Hermeto. Fueron delirantemente aplaudidos. Cuando Hermeto comenzó a tocar “Garota de Ipanema” (que Elis odiaba y había jurado que jamás cantaría en su vida), se enojó. Pero rápidamente se recuperó y cantó, con todo el vigor, como si fuese la última canción de su vida, improvisó como una negra americana, puso el tema patas para arriba, provocó a Hermeto, voló con él delante de la platea electrizada. Con el público de pie, “Asa branca”, Elis y Hermeto en el round final, el baión de Luiz Gonzaga en ambiente free jazz y atonal, armonías jamás soñadas cruzándose con frases audaces de Elis, cambios bruscos de ritmo y de construcción, propuestas y respuestas, tiros cruzados, arte musical de altísimo nivel protagonizado por dos virtuosos. A mi lado, mi viejo amigo Nesuhi Ertegun, ahora vicepresidente de la Warner americana, estaba pasmado, lívido. Experimentado crítico de jazz, que acompañó la carrera de Miles Davis y otros genios, Nesuhi, dijo que raras veces había sido testimonio de un dueto tan emocionado y tan técnico, tan audaz. Salió del Casino eufórico, invitándome para que celebrásemos una cena con André y Elis.
Festejada por Nesuhi, Elis fue sin ganas, casi no habló pero le dijo a André, amenazadora:
“Este disco no va a salir, ¿no?”.

André no respondió pero Elis sabía que el disco en vivo en Montreux podía impulsar su carrera internacional. No saldría. Porque ella no quería, porque sacando los números con Hermeto creía que el resto no valía la pena, que no había cantado bien. Creía que había errado un penal. De vuelta a Brasil, exigió de André un juramento de que nunca lanzaría aquella grabación, nunca, ni después de que ella murimageiese.*

*La promesa, por suerte, no fue cumplida y hoy se consigue el disco con la grabación del 20 de febrero de 1979
Live in Montreux.
Noites tropicais, solos, improvisos y memórias musicais. Objetiva. 2000.

El dueto

Reportaje a Elis.