Una agenda verde para la política exterior

Los países que asumen compromisos ambientales voluntarios son reconocidos como ciudadanos globales responsables. ¿Apunta el nuevo gobierno de Mauricio Macri a este status? A ocho meses de la próxima cumbre ambiental, resulta conveniente plantear las posibilidades que la agenda ecológica presenta a la política exterior argentina.

 

Pablo Scuticchio, Gisela Cometto

Hasta el siglo XX, los diplomáticos europeos típicamente confluían en París para negociar los tratados que concluían las grandes guerras continentales. Pero la cumbre que se vivió en la capital francesa a fines del año pasado fue diferente. 196 naciones se dieron cita en la Conferencia sobre Cambio Climático para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero.

El cambio climático es un tema que interesa cada vez más a los ministerios de relaciones exteriores. Incluso el Papa Francisco se sintió llamado a expresar su apoyo al desarrollo sustentable en la encíclica Laudato si’.

El calentamiento global es un problema que afecta a toda la comunidad internacional. Los países que contribuyen con su parte generalmente son reconocidos como ciudadanos globales responsables. El prestigio que se adquiere en estos foros permite darle más credibilidad a las estrategias de inserción internacional. Demuestra la voluntad de contribuir de manera protagónica en el diseño de reglas claras. A ocho meses de la próxima cumbre en Marruecos, resulta conveniente plantear las posibilidades que la agenda ecológica abre para la política exterior argentina.

Los del medio

Que las grandes potencias marcan el ritmo de la alta política internacional no es una observación que se destaque por original. Pero de lo anterior no se deduce que los países medianos se encuentren irremediablemente condenados a la irrelevancia absoluta. Aunque no cuenten como pesos pesados en términos militares y económicos, pueden asumir vuelo propio en numerosas discusiones y foros internacionales. El desafío consiste en desplegar un hábil esfuerzo diplomático y encontrarse dispuesto a asumir responsabilidades.

¿Es la Argentina un país interesado en hacer su aporte para resolver problemas globales? Décadas de continua participación en instituciones multilaterales parecerían responder por lo afirmativo. Nuestro país es una voz escuchada en foros sobre temas nucleares, alimentarios y operaciones de paz. La designación del embajador argentino Rafael Mariano Grossi para presidir el Grupo de Países Proveedores Nucleares en 2014 es testimonio de ello.

La reciente Conferencia sobre Cambio Climático en París invita a preguntarse si la Argentina podría cumplir un rol más activo en las negociaciones ambientales. Vale aclarar que el país no es un principiante en este ámbito. El embajador Raúl Estrada Hoyuela fue un actor clave durante las negociaciones que llevaron a la Cumbre de Rio de 1992 y el Protocolo de Kioto de 1997. Desde entonces, Cancillería cuenta con un equipo de diplomáticos especializados de excelente nivel.

Pero hasta ahora Argentina no pudo traducir este potencial en una posición de liderazgo. Para Juan Carlos Villalonga, diputado nacional y cofundador de la agrupación Los Verdes, se trata de una cuestión de actitud: “hay que cambiar el chip”. “Hoy la Argentina tiene una mirada defensiva”, y destaca que “cada párrafo de los tratados ambientales se inspecciona para ver cuantas obligaciones exige”.

Villalonga plantea que un mayor compromiso ambiental pude constituir un aporte valioso para la estrategia de inserción internacional de la Argentina. No se trataría de “dar un portazo a las agrupaciones mundiales que pertenecemos” sino de “abrir nuevas puertas y comenzar a dialogar con nuevos grupos”.

Argentina dispone de los recursos humanos calificados y el potencial tecnológico como para empezar a jugar un papel más gravitante. El desafío es identificar las políticas apropiadas.

Nuevas alianzas ambientales

Para empezar, la Argentina podría renovar su activismo internacional ingresando a la Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe (AILAC). Este es un bloque constituido por Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú para las negociaciones climáticas. Desde 2012 intercambian información y coordinan posiciones comunes.

El objetivo de AILAC es superar el punto muerto al que recurrentemente degeneran estas cumbres. Para sus miembros, las contiendas retóricas entre el Norte industrializado y el Sur en desarrollo pierda de vista la urgencia que reclama el cambio climático. Para encontrar una salida al laberinto, trabajan en una propuesta propia sobre emisiones que se acerque a las recomendaciones de la ciencia climática.

Con cada cumbre,  AILAC granjea más prestigio. La seriedad de su línea de trabajo despierta el interés de los observadores internacionales. La ubicación geográfica de su membresía no es un dato menor. Unirse a AILAC representaría extender al ámbito medioambiental la vertiente latinoamericanista de la política exterior argentina.

Bosques y energía limpia

En segundo lugar, la Argentina podría darle mayor prioridad al programa REDD contra la deforestación. Este mecanismo vinculado a Naciones Unidas identifica a los bosques como un aliado clave contra el cambio climático. La razón es sencilla: los árboles absorben las emisiones de carbono que causan el calentamiento global. La meta de REDD es crear un fondo financiero para sentar las bases de un sistema de explotación maderera sostenible y compensar a los países que mantengan la integridad de su patrimonio verde.

Pero uno de los requisitos fundamentales de REDD es contar con datos precisos sobre localización y densidad de los bosques del mundo. Sólo así se puede ponderar el ritmo de la desforestación para posteriormente asignar fondos de manera eficiente.

Las estadísticas argentinas más recientes provienen del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos realizado entre 1998 y 2005. Para conocer que cambió en más de una década, es necesario repetir el relevamiento. Una vez concluido, Argentina podría basarse en esta experiencia para asistir a los países interesados en repetir el estudio pero carezcan de los especialistas entrenados.

El país cuenta con otro  potencial científico subexplotado: las energías renovables. Actualmente Argentina dispone de la capacidad latente como para brindar servicios y posicionarse como productor de insumos y repuestos en la región. Ya hay varias empresas de origen nacional—como EDEESA y ALDAR—que gestionan proyectos de energía solar, eólica y biomasa en Centroamérica.

La tarea que sigue es la de reorientar el mercado doméstico de renovables para que las empresas puedan transformarse en competitivas. Para Villalonga, la solvencia es una limitación cuando ENARSA, uno de los principales clientes del sector energético, mantiene una  política de pagos por momentos errática. No se trata exclusivamente de conceder beneficios fiscales sino también de instituir reglas claras para el sector.

Innovaciones en derecho ambiental

Por último, la visibilidad internacional también se construye a partir de las medidas implementadas frontera adentro. Introducir innovaciones en el sistema judicial demuestra a la comunidad internacional la voluntad de cumplir compromisos y respetar las normas globales.

Los litigios por el saneamiento del Riachuelo y el de las pasteras de Botnia/UPM en Fray Bentos demostraron que el cumplimiento de los derechos ambientales se ve fortalecido con dos medidas. Primero, garantías judiciales adaptadas a las particularidades de los casos ambientales. Y segundo, profesionales especializados en esta área.

Aunque Argentina todavía no cuenta con Tribunales Ambientales como los que funcionan en Chile, la Corte Suprema ya dio muestras de su interés en el tema. La Acordada N°1 de 2014 creó la Oficina de Justicia con el fin de instruir a jueces, fiscales y defensorías en derecho ambiental. Y al año siguiente, la Acordada N°8 estableció la Secretaría de Juicios Ambientales. Esta unidad tramita todas las causas radicadas en la Corte Suprema cuyo contenido verse sobre cuestiones ambientales.

Posicionarse en la arena internacional es una tarea ardua. Es un ejercicio que bien pude llevar décadas. Ocasionalmente requiere implementar medidas que no conforman a todos. Las negociaciones son mas demandantes cuando existen posiciones fuertemente enfrentadas y donde hay mucho en juego. Corresponde a los hombres y mujeres de estado diseñar la plataforma ecológica que mejor compatibilice los intereses nacionales con las responsabilidades globales.

 

Fuente: Bastion

 

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