Venganza de clase, clase amateur

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No quiero que pase más tiempo sin continuar con esa piolada plagada de malas intenciones y provocaciones que escribió Pablo Alabarces (PA) en el diario Crítica, viagra titulada  “Carballo, Cromañón y la venganza de clase”, (Crítica, 4/01/10)

Habiendo hecho ya mis comentarios sobre lo tramposo del “método Alabarces”, quiero continuar con su nota porque es imperdible. Continúa así:

Eso me permitiría disparar para otra zona cotidiana de nuestra cultura, no sólo rockera sino más ampliamente política: la intolerancia con la que se critica la intolerancia. Pero mientras paladeaba mis nuevos argumentos, pasó lo de la UBA y preferí dedicar mi nueva columna al patoterismo franjamoradista. Pensé que el rock me daría nuevas oportunidades de retomar el debate: lamentablemente, es la coincidencia trágica de la muerte de Rubén Carballo y un nuevo aniversario de Cromañón lo que me obliga a regresar, insistente y testarudo. Porque una de las cosas que más irritaron a tanto spinettiano fervoroso, horrorizado por mi cuestionamiento al Artaud del subdesarrollo, es la comparación entre la tragedia de los chicos de Ecos y Cromañón. La muerte de Carballo me permite desplegar un poco más ese nudo.

Primera cuestión, “la intolerancia con la que se critica la intolerancia”. No sé si capto la frase, pero supongo que hace referencia a las reacciones “intolerantes” que despertó la “intolerancia” de su nota. ¿es así?. Si es así, es cierto, su nota inicial era intolerante y agresiva y si alguien tiene que ejercer la tolerancia, más que nadie, es quien asume la responsabilidad de escribir en un medio. Desconozco las respuestas que recibió y decidí no mirarlas porque ese no es el punto.

image Cuando PA vuelve a la carga con “el Artaud del subdesarrollo”, concepto que creo legítimo que él sostenga, pero así PA está abriendo la puerta a un diálogo en donde los calificativos peyorativos son la moneda de intercambio. Quien coloca el diálogo en ese terreno es PA.

Vuelvo también a decir que no es mi intención defender a LAS y los músico, ellos bien puede hacerlo por sí mismos. Escribo esto en tanto soy público de LAS y me siento agredido, bardeado, por un periodista cuyos estándares de calidad y seriedad están lejos de lo que considero deseable. Aunque PA quiere ser tan inteligente y piola como Martín Caparrós, tal cosa, por ahora, le es bastante lejana (esta es mi pequeña contribución al bardeo iniciado por PA!)

Vuelvo. PA dice lo que más irritó “a tanto spinettiano fervoroso” es su comparación de la tragedia del Colegio Ecos con la tragedia de Cromañón. Veamos lo que escribió originalmente: “Aun con la emoción y el desgarro que esa tragedia me provoca –no lo olviden: tengo hijos de la edad de las víctimas–, me parece un poco excesivo, al lado de, por ejemplo, Cromañón, una tragedia, además, rockera”. 

Veamos, lo que se pone en duda es la envergadura y relevancia de la campaña de “Conduciendo a Conciencia” respecto de la tragedia de Cromañón. Bien, pequeño problema el que plantea PA. Por supuesto, lo plantea mal, pero tampoco da soluciones. El problema sería establecer comparaciones entre tragedias, ¿tiene PA el tester de tragedias, el tragediómetro? No lo tiene, sino nos diría cual es más importante y nos esclarecería.

image Personalmente, no creo que tenga sentido comparar. Es un ejercicio destinado al fracaso. Es un problema sin una solución absoluta. Pero también digo que lo plantea mal, compara una campaña, “Conduciendo a Conciencia” con el recordatorio de las víctimas de la tragedia de Cromañón. Dos cosas diferentes. Una apunta a mejorar las condiciones de seguridad viales y a educar a los conductores, la otra es un  recordatorio que, si bien tiene su mensaje en si mismo, no hay allí ningún reclamo ni acción, yo no tengo nada que decir respecto de la justicia en este caso, PA ¿tiene algo para proponer al respecto? (recomiendo esta nota   y esta otra, ambas con opiniones de LAS)

Es decir, PA compara lo que moralmente no admite comparación, y además, compara mal, porque compara peras con duraznos, las dos son frutas, pero no son lo mismo. Las dos son tragedias, una derivó en dolor y una campaña, la otra en dolor y una causa judicial. Se parecen en muchas cosas, pero jamás me animaría a plantear una comparación.

Seguiré.

Cali

Para tranquilizar los espíritus, Pat Metheny y Chralie Haden, “Spiritual” (1997)

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