septiembre 5, 2009 Publicaciones 1 comentario

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He sido bastante reiterativo en los últimos meses en señalar lo que me atrevo a calificar como pereza intelectual del “progresismo”. Pereza que se traduce en el ejercicio de repetir hasta el aburrimiento consignas, health frases y cientos de calificaciones que, a mi juicio, no alcanzan para tener una mínima aproximación a la realidad. Entonces se produce, inexorablemente, un divorcio entre la realidad, el cómo funcionan las cosas, y el universo retórico del progresismo. Puede sonar lapidario, pero los hechos van mostrando, para quien quiera verlos, la inoperancia de buena parte del ideario K.

En buena medida el debate político en Argentina está envuelto en pensamientos de ficción. Y así nos salen las cosas. Hay una actual ficción “progre” creada por el elenco gubernamental y los actores que actúan de “blindaje” ideológico, verdaderos “think tanks” que son quienes visten al emperador de ropas inexistentes. Luego, hay una tribuna que repite cantitos como toda tribuna. En tanto desde la “oposición”, unos presentan, ante eso, menores diferencias formales y otras, no presentan nada de nada. Quedan algunos pocos ejemplos que procuran aún preservar el valor de su palabra e ideas. Los menos aún, que procuran que sus ideas sintonicen con el siglo XXI. Pero no constituyen una masa crítica.

Semana tras semana vamos de contienda en contienda. La política concebida como un campo de batalla. Toda una verborragia y una permanente sobreactuación para hacer vivir al país con el corazón en la boca. El ejemplo de estos días es la atolondrada arremetida para sacar en semanas la Ley de Medios. Tal cosa no puede tener otro objetivo que crear un nuevo conflicto y un nuevo combate. La búsqueda de una propuesta apropiada y de alto consenso para un tema de esa envergadura quedará postergada frente a la batalla mediática a crear. Todos seremos rehenes nuevamente de las peleas que el matrimonio presidencial parece necesitar para sobrevivir.mojojojo

Muy pocas leyes tienen semejante tratamiento en el Congreso. Por ejemplo, deberá recibir ese tratamiento, por obvias razones, el Presupuesto Nacional 2010, justamente en estos próximos meses antes de diciembre. ¿Se puede comenzar a debatir qué estructura de medios queremos? Por supuesto que si. ¿Es el momento? Claro que es el momento, en realidad, estamos demorados 25 años. Pero lo anterior no implica que “hay que sacarla antes de diciembre porque sino el Multimedios no come crudos!”. Deberían parar de generar caos, inventar enemigos y pretender que cada acto de gobierno sea vivido como la decisión que nos evitará caer en el abismo.

Crearse enemigos es un recurso simple para caer simpático ante la tribuna. Total, sobre la calidad de mis actos y decisiones, puedo desentenderme y victimizarme. Es una construcción, mi fracaso no será otra cosa que la obra siniestra de mi “enemigo”.

Este ejercicio de hacer política en base a la confrontación de “archi-enemigos”, motivó el siguiente artículo de Jorge Sigal de la semana pasada, y que describe parte de la pereza de la que hablo. .

Cali

No seré feliz pero tengo enemigos

El cinismo funciona como el sistema inmunológico, es una forma de preservación, una coraza para prevenir desencantos. Por eso envidio a mi amigo Nacho, un ser inmune a los devaneos éticos. Jorge Sigal.

Por Jorge Sigal, 24.08.2009

El cinismo funciona como el sistema inmunológico, es una forma de preservación, una coraza para prevenir desencantos. Por eso envidio a mi amigo Nacho, un ser inmune a los devaneos éticos. villano

Esta vez, lo encontré en la avenida Independencia, en el barrio de San Telmo. Venía de participar en una reunión de un grupo “crítico” del Espacio Carta Abierta, la nutriente intelectual del kirchnerismo.
–Vos no entendés nada, viejo romántico incorregible –dijo Nacho–, siempre estás buscando sutilezas, te quedó esa tara de los tiempos del izquierdismo infantil. Las cosas son simples. O estás con unos o estás con otros. Con la oligarquía o con el pueblo. Con El Monopolio (sonó así, con mayúsculas) o con el campo popular. Es fácil: mirás la vereda de los malos y cruzás la calle –remató.

Contra muchos pronósticos, un sector del llamado progresismo sigue encontrando argumentos para considerar de izquierda al Gobierno. Se mantiene en pie una épica que parece disimular –como si fueran resabios o cuestiones que “ya habrá tiempo de corregir”– lo que en otras circunstancias se consideraban defecciones éticas, cuando no traiciones imperdonables.

No se puede desacreditar a ese sector –como lo hacen sus enemigos– atribuyendo su fe oficialista a la tentación del dinero fácil. “Los compraron, ganan fortunas, viven de los subsidios, gozan de las prebendas del poder”, disparan con malicia sus detractores.

morbius1 Es absurdo suponer que personas inteligentes, muchas de ellas víctimas de persecuciones, exilios y otros desgarramientos, hayan desertado de sus convicciones a cambio de un puñado de dólares. El argumento de la claudicación ética no sirve para explicar este fenómeno que ha logrado, por primera vez en muchos años, que un sector de la intelectualidad sienta que Julio Grondona puede ser un aliado circunstancial para vencer al temible “Monopolio Multimediático”. O que haya aceptado, sin muestras de resignación, a Luis D’Elía como paradigma de la dirigencia social, merecedor incluso de proclamas solidarias “por la persecución judicial a que se lo somete”; o a Daniel Scioli y Alejandro Granados como parte del movimiento “nacional y popular”; o a Hugo Moyano y a Oscar Viviani –antítesis del sueño obrero de Agustín Tosco– como aliados naturales del proyecto oficial.

¿Un buen empleo público, una interesante beca o una cámara de Canal 7 podría ser la razón de tanto sacrificio argumental? De ninguna manera. No conviene simplificar ni subestimar tanto a la inteligencia humana.

Tiene que haber otras razones. Y las hay.

villanos-7Hace unos días, ante una pregunta de Ernesto Tenembaum, el diputado K de origen socialista Jorge Rivas dio –a través del sofisticado sistema de comunicación al que lo condenó un brutal asalto– una pista para comprender el soporte de tanta flexibilidad ideológica. “Lo que más me entusiasma de Kirchner son sus enemigos”, respondió tajante. Mucha gente repitió la fórmula brindada por el legislador como si un rayo de luz hubiera bajado desde el cielo. De alguna manera, se acepta que hay un programa mínimo que reúne a los que no quieren algo, aunque lo que tienen no les guste demasiado. La vieja teoría del enemigo principal puesta al servicio de un nuevo paradigma.

Ni siquiera la ligereza presidencial, que equiparó el supuesto secuestro de goles de la televisión privada con los desaparecidos de la dictadura, parece haber perforado el frente afectivo-político que se ha tejido entre los enemigos del Enemigo y el Gobierno. Mientras la foto de Cristina Fernández, junto a Julio Grondona y Diego villanos-12 Maradona, inmortalizaba el acto de la expropiación futbolera –transmitida por cadena nacional–, ya circulaba la Carta Abierta número seis. Con renovados bríos, sus adherentes decían: “La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos –el empresariado nucleado en AEA, la airada Mesa de Enlace, el bloque mediático y algunos políticos–. Sin embargo no puede pavonearse de legitimidad por el resultado electoral. Porque no está mellada la capacidad gubernamental y porque en los cuartos oscuros también fueron ungidas representaciones parlamentarias que arrojan a la escena problemas necesarios de ser tratados en pos de una sociedad más equitativa y justa”.

–No seré feliz, pero tengo enemigos –sintetizará Nacho en el final de su breve clase de cinismo ilustrado

Written by Juan Echeverria