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Un adiós al duende de las canciones benignas

POR MARCELO A. MORENO

Se fue despacito, viagra sale como vivió, suavemente. Sin embargo sentimos el golpe, como si de improviso nos faltara un soplo de gracia. Porque cuando muere un artista todos somos bastante más pobres.

Luis Alberto Spinetta -a quien tuve el honor de tratar hace muchos años- siempre dio la impresión de ser un poco un marciano, alguien de otro planeta, cure de una pureza sin mácula, al que parecía que los rumores y estrépitos del mundo no lo alcanzaban.

Lo notable -la observación es de mi compañero Facundo Landívar- es que ese mismo espíritu de paz y amor en el que Luis se mantuvo incólume toda su vida como por pura magia se transmitió a las ceremonias del adiós . Sus exequias fueron serenas, con llanto, mucho dolor pero sin histerias ni esas violencias a las que nos tiene acostumbrados la sociedad argentina.

Porque Spinetta vivió hasta el final en una sociedad exasperada, enfrentada, autoritaria y conflictiva, y él y su música supieron dar un salto por encima de esa realidad para cantar desde una especie de más allá temas benignos, elevados, tiernos, afables. Temas que nos hicieron bien porque justamente transmitían bienes de escasa circulación, como la belleza y la bondad.

En estos días me he encontrado con muchas personas tristes y conmovidas por la muerte de quien quizá fue el creador más original del rock nacional. Gente de distintas generaciones, unidas por una misma pena.
Un dolor apocado, discreto, sin gritos . Sin altisonancias ni disonancias. Un dolor afinado.

Así vivió Luis, lejos del ruido. En eso, fue lo contrario de una estrella del rock: en vez de los escándalos, eligió una vida recoleta , alejada de los medios, dedicado a su música y a sus hijos, a años luz de las peleas, envidias, chanchullos, trenzas y chimentos del “ambiente”.

Cuando su hijo Dante declaró que darán a conocer en qué lugar del Río de la Plata esparcirán sus cenizas para que quien quiera contemple un anochecer con su espíritu, definió también la personalidad de su padre.
Porque queda y quedará su música, que atraviesa como una flecha certera los tiempos , pero ya no está entre nosotros, entre nuestra fragorosa sociedad, ese ser angelical que nos regalaba sensibilidad casi sin rozar con los pies la tierra.

publicado en Clarín, 12/2/2012

vuelve a empezar
vidami
al fin soy feliz
vidami
abrázame en la distancia
contigo asi lejos
estoy en éxtasis
ahora si
ahora si
corre con tu vida
sobre un libro corre y corre
ya lejos de la trampa es esperanza
y alguien que se asusta
y se desangra por amor
dice que la felicidad injusta es,
excepto al morir…
el búho ve
el búho ve por mi
vidami
apurate
apurate a no volver
vidami
el búho ve
el búho ve
es un vuelo limpio
entre túneles de luz
que se estremecen con la noche
y alguien oye la nada
y sus oídos inventan
y solo enfrentan la sentencia:
la de su corazón.

Written by Juan Echeverria