agosto 6, 2010 Publicaciones 4 comentarios

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¡Vienen por el agua! ¡Vienen por el agua!

La cantinela es ya conocida y se ramifica en cientos de versiones, variaciones y re-encarnaciones. La idea del despojo abreva en la tradición del “nacionalismo victimista”, ese modo de estar en el mundo donde se supone que somos un pueblo con destino de grandeza en una tierra privilegiada, pero,… allí afuera hay sórdidos intereses que trabajan noche y día diseñando nuevos y viejos modos para despojarnos de nuestras riquezas y no permitirnos alcanzar lo que en nuestro destino está escrito. Así de fácil.

Así de fácil se pueden explicar todos nuestros males. Males de los que no tenemos ninguna responsabilidad, somos simplemente “víctimas”. De ese modo, transitamos los años escuchando esas cantinelas que van cambiando acorde a las épocas, pero que siempre nos colocan como los más privilegiados de la tierra, víctimas de quienes no quieren que levantemos cabeza. El mundo está en contra nuestro.

Hace unos años (2007) me compré “Delirios argentinos. Las ideas más extrañas de nuestra política”, del periodista Sergio Kiernan (Página/12). Un fantástico recorrido por los delirios argentinos que incluye los delirios victimistas en los que tan fácilmente cae la izquierda boba y el ultranacionalismo. Se puede leer los primeros capítulos del libro aquí, su último capítulo se titula, precisamente, “¡Vienen por el agua! (y la tierra y el aire) Un mito de la izquierda light”

El “¡vienen por el agua!” lo hemos escuchado infinitas veces, nadie sabe exactamente qué significa eso, ni cómo se estaría por perpetrar tamaño despojo, pero, son esas verdades que ponerlas en duda, implica colocarnos automáticamente la etiqueta de personeros del imperio o idiotas útiles de las multinacionales. Por eso, para no pasar por nada de eso: “¡vienen por el agua!”

Pero, lo que verdaderamente está ocurriendo es que al agua la estamos haciendo bolsa nosotros mismos. Eso sería materia de otra entrada. Lo más tragicómico de lo que ocurre con el agua, y lo peor, es que nos la estamos despojando nosotros mismos, la estamos “privatizando” alegremente. Estamos favoreciendo que un bien público y un servicio social básico, como es el agua potable, hayamos dejado que sea un bien caro, propiedad de empresas, a quienes les tenemos que comprar el agua obedientemente. Y se lo permitimos todos los días, en nuestras propias narices.

La proliferación de oferta de “aguas” en botellitas, aguas que nos evitarán sufrir de los “males” que nos esperan si tomamos el “agua de la canilla”. Un negocio escandaloso, con serias consecuencias en cuanto al deterioro del servicio público de agua potable. El primer paso ya está dado, por alguna misteriosa razón, por ejemplo, en Buenos Aires se ha dejado de tomar agua de la canilla. En un bar, en una reunión, en la calle, en hogares, oficinas, etc. se toma agua embotellada. Lo mismo se repite en otros ciudades donde existen redes de agua potable, en donde el agua que sale de las canillas cumple con los requisitos necesarios para considerarse potable.

La operación de “marketing” ha sido un éxito. Todos le tienen miedo, e “idea”, al agua de la canilla. La botellita, en cambio, nos da tranquilidad, salud y belleza.

Pero hay un atenuante, esto mismo pasa en todo el planeta. Como nos lo muestra aquí Annie Leonard, de quien también pueden ver “La Historia de las cosas” en esta otra entrada.

Lanzamiento regional (fragmento de una nota en La Nación 11 de nov.2005 sobre el lanzamiento de una nueva marca de agua de Coca Cola, además de Kim)
Dasani es una marca de origen norteamericano que en su país ocupa el segundo puesto en ventas. El año pasado sufrió una crisis en Inglaterra cuando fue acusada de trabajar con agua de la canilla.


El lanzamiento de Dasani forma parte de una estrategia regional y se hizo en forma paralela a la introducción de la marca en Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay.
En total, la inversión de la compañía en el proyecto asciende a US$ 27 millones, de los cuales un poco más de la mitad corresponde al mercado interno.

Los fondos se destinaron a la incorporación de las nuevas líneas de producción en la planta de Femsa, en el barrio porteño de Parque Patricios, y en el resto de las embotelladoras del sistema Coca-Cola, y a la inversión en marketing y publicidad. La campaña para el lanzamiento en el país fue concebida por la agencia McCann Erickson.

La línea Dasani está integrada por ocho productos e incluye agua sin gas y con él, finamente gasificada; tres presentaciones saborizadas (limón, citrus y durazno), y otras dos conocidas en la industria como bebidas funcionales. Esa categoría agrupa a los productos que ofrecen beneficios hidratantes o nutricionales, como Gatorade. En el caso de Dasani, los dos productos funcionales son Dasani Active, que presente una combinación de minerales como potasio, magnesio, fósforo y sodio, y Dasani Balance, que cuenta con vitaminas antioxidantes C y E.

Para Coca-Cola se trata del segundo gran lanzamiento concretado en el año, después de la presentación de la línea de aguas saborizadas con la marca Cepita. Por su parte, su principal competidor en el negocio de las gaseosas, Pepsi-Co, ya esta presente en este segmento con la marca H2O.

En el caso específico de las aguas saborizadas, las ventas anuales superan los $ 200 millones y vienen creciendo a costa de otros productos, como las gaseosas, que a su vez le quitan clientes a los fabricantes de sodas.

“Agua”, Jarabe de Palo / Jorge Drexler

Written by Juan Echeverria