Por Juan Carlos Villalonga

Hemos llegado al primer año de gestión de la YPF “recuperada”, prostate es decir, luego de la nacionalización del 51% de las acciones de esa empresa y el inicio de una conducción de la misma plenamente a cargo del Gobierno Nacional. El balance de las acciones realizadas dicen bastante poco. El panorama del sector petrolero y de YPF en particular no se ha modificado en su tendencia de baja generación de hidrocarburos, continua disminución de las reservas y un incremento en las importaciones de combustibles que se prevén para este año, al que las estimaciones indican rondarán entre los 12 y 15 mil millones de dólares este año.

Este panorama se ha visto ensombrecido aún más luego de las tremendas inundaciones ocurridas a comienzos de este mes en el área de La Plata. Debido al tremendo impacto de la tragedia ocurrida en la capital provincial quedó empequeñecido el grave accidente ocurrido en la refinería de YPF Ensenada-Berisso producto de las inundaciones durante el 2 de abril.

Según la reconstrucción de los hechos por la propia empresa los hidrocarburos que conformaban un gruesa capa en la superficie de las aguas que comenzaron a subir en el predio de la refinería alcanzaron a tomar contacto con sitios con alta temperatura, horno de la planta de coke, se produce un incendio descontrolado que destruyó parte de las instalaciones y puso en riesgo a todos los trabajadores del complejo y la población vecina. Las horas en que se demoró el control del incendio que se extendió en un frente de unos 500 metros pusieron al borde de una catástrofe a la refinería. Los mensajes de las autoridades de YPF fueron pocos e imprecisos.

La afectación de la refinería por las inundaciones nos indica la precariedad y falta de preparación para estos eventos, cada vez más frecuentes, de un complejo industrial altamente inflamable y contaminante. Que los hidrocarburos hayan comenzado a cubrir el predio inundado pone de manifiesto una situación de extrema debilidad en el manejo de los depósitos de combustibles y residuos. Es obvio que la planta no tenía en sus planes de manejo de riesgo una lluvia como la ocurrida el 2 de abril.

Es necesario que el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), máxima autoridad ambiental provincial, realice una exhaustiva investigación para conocer la situación en la refinería de YPF estaba funcionando y que permitió que se produjera tan grave accidente. Esto es imprescindible para determinar las posibles irregularidades cometidas. También, a la luz de la ocurrencia, cada vez mayor, de tormentas severas en la región, se evaluar el rediseño de la planta a la luz de lo ocurrido y lo que pudo haber sucedido en otras condiciones, por ejemplo, con otros vientos que puedan haber dispersado las llamas.

Aún hoy, nada dice sobre todo esto el sitio oficial de la OPDS. Por su parte YPF emitió un comunicado el 7 de abril para señalar que restablecía el procesamiento de crudo en la planta y el día 9, el CEO de YPF, Miguel Galuccio, dio una esperada conferencia de prensa en la que simplemente pasó en limpio la información que ya se conocía sobre lo acontecido. Galuccio centró su mensaje en que la pérdida de capacidad de producción, alrededor del 7%, de la planta implicaría mayores importaciones de combustible durante este año.

Sin duda que el accidente de la refinería torna aún más deslucido este aniversario de la “nueva” YPF. Implica un mayor déficit de combustibles y puso de manifiesto la debilidad de una de sus complejos industriales más importantes. La refinería continúa operando en una zona altamente poblada. Su permanencia en el sitio debe estar supeditada a una seria evaluación de la calidad de sus procesos, del control de eventos, como el ocurrido el 2 de abril, y la OPDS debe emitir una completa auditoría que genere tranquilidad a la población de que las autoridades no están tapando las cosas sino velando por la salud de la gente. Las inundaciones ocurridas en el área metropolitana de Buenos Aires son una señal de advertencia para las autoridades locales, provinciales y nacionales de que estamos incubando tragedias al no actuar acorde a la dimensión de los desafíos y riesgos que estamos sometiendo a la población.

Written by Juan Echeverria