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Como ya lo dije en el capítulo anterior, todo fue tomando un ritmo aceleradísimo. Pronto, el Taller (de Estudio y Educación Ecologista) pasaría a ser “Taller Ecologista” ya que las circunstancias así lo exigían y lo permitían. Durante 1985, diversos frente en la actividad nuclear pretenden reactivarse, incluso comienza a aparecer la idea de construir una nueva planta nuclear en Timbúes, Santa Fe, promovido fuertemente por el entonces Senador Luis Rubeo (PJ, Santa Fe): El activismo antinuclear, nos catapultó al ecologismo activo y al cambio de nombre.

image Un hecho ocurrido en julio de ese año, nos conmocionó y fue, en cierta manera, una señal muy clara: en Nueva Zelanda, los servicios secretos franceses había hundido el barco de Greenpeace (Rainbow Warrior). La noticia estaba en todos los diarios, un golpe en la nuca para todos. Los guerra fría estaban firme y la paz era una mariconada que no debía molestar. 

Volviendo a lo local, rastreando en los textos existentes en internet que se pueden hallar sobre aquellos momentos, hay un relato bastante extenso en la página Barrameda, allí se registra que:

En 1985 tienen su fundación el Taller Ecologista de Rosario y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
El taller, que también se constituiría en eslabón de vastas redes de intercambio de información y experiencias como el Consejo Ambiental de la Ciudad de Rosario, la Red Latinoamericana de Ecología Social o el Foro del Buen Ayre, nació con la intención manifiesta de “revertir las tendencias de deterioro del medio ambiente y la creciente deshumanización de nuestras sociedades”, en virtud de lo cual promovió la discusión de políticas públicas con una visión crítica del desarrollo, la discusión teórico-política para la introducción del ecologismo en los ámbitos sindical, estudiantil, político y de las organizaciones sociales.  
Sus actividades se enmarcan en “procurar sociedades sustentables y comprenden campañas de concientización, incidencia en la toma de decisiones gubernamentales, talleres, ciclos de charlas debates y conferencias…”

Hay también una referencia hecha por INDESO mujer en 1995, para cuando el Taller cumplió sus primeros diez años:

El Taller Ecologista es una institución civil sin fines de lucro que inició sus actividades en 1985. Su accionar se inserta dentro del movimiento ecologista nacional e internacional, en la búsqueda de revertir las actuales tendencias del deterioro del medio ambiente y de la creciente deshumanización de nuestras sociedades.
Contaminación , violencia, pobreza y ruptura del equilibrio de la naturaleza son algunas de las consecuencias de los equivocados estilos de desarrollo seguidos por la humanidad. Hacer frente a estos peligros constituye el desafío más grande que tenemos por delante. Los ecologistas intentamos la construcción de una sociedad que supere este desafío por el camino de la libertad, la paz y la justicia.



Esos primeros pasos hacia el “activismo” son recordados por Sergio Rinaldi (quien se uniría al Taller a partir de 1986) de esta manera:

Corría el año 1985 y nuestro país respiraba los perfumados bellos aires de la democracia
recuperada. El Taller Ecologista de Rosario recién hacía sus primeros escarceos en esto de la
educación ambiental. Mientras tanto en la cabeza del por entonces diputado nacional Luis
Rubeo (Padre) daba vueltas y proponía de hecho que en Timbúes se construyera la “cuarta
central atómica”… La de Timbúes, a escasos kilometros de Rosario, nunca se construyó, y esto se debe fundamentalmente a el trabajo muy incipiente pero fundamentado del recién “nacído” por esos días Taller Ecologista (Rosario). En esa época, ya en 1986, el mencionado Rubeo y sus seguidores realizaban charlas y proponían las bondades de la construcción de esa nueva
central atómica en Timbúes. El Taller Ecologista se acercaba hasta esos lugares y se
posicionaba en contra con volantes y con toda la “artillería” que podía contar una reciente ONG
ambientalista formada un año antes al calor de la democracia. La oposición a el proyecto de la central atómica no siempre era bien recibida por Rubeo y sus seguidores, que muy amablemente daban “empujoncitos” a los “verdes”. Así y todo, ese proyecto nefasto que proponía este patético político de nuestra nación, nunca prosperó…” (LA LUCHA DE LA SOCIEDAD CIVIL CONTRA…)

Hay varios registros retrospectivos de esa primera etapa. Una de ellas indica que “no se trata sólo de concientizar y difundir problemáticas a través de charlas, encuentros, foros, videos. Se trata también de poner el cuerpo y ganar la calle como espacio de protesta, de denuncia, de resistencia. Así conciben su militancia ambientalista los integrantes del Taller Ecologista de Rosario, que desde 1985 bregan por “revertir las tendencias de deterioro del medio ambiente y la creciente deshumanización de nuestras sociedades”.  
Antes de cruzar al año 1986, es determinante para nuestra historia, el encuentro y cooperación intensa que fuimos haciendo desde esos meses con la gente del anarquismo rosarino, básicamente nucleados en el Centro Rafael Barrett y el Grupo Impulso. Con ellos accedemos a tener una sede (nuestra primera sede) en Callo Pi (314). Ellos decidieron alquilar la casa y compartirla con nosotros. El Taller no pagaría alquiler, por falta de fondos, pero lo haríamos con trabajo, poniendo el sitio en condiciones para funcionar. Fue nuestro primer local y el desfile de personajes por esa casa era la programación completa de History Channel y NatGeo. Inolvidable.
Aquí un par de registros de esas jornadas de limpieza, pintura en el altillo de la casa..
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Esta es una foto en la entrada del local: Elba Stancich, Graciela Agostinelli, Mónica, Livio Rovere, Jorge Carcedo y yo.
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Pasado ese verano de 1986, en abril, la historia contemporánea se parte en unos cuantos pedazos.  Durante semanas, meses, las noticias eran los vientos y la nube radioactiva sobre Europa y alrededores. Lo que comenzó como un rumor, luego fue notica en Suecia, terminó siendo el peor accidente nuclear de la historia. Chernobyl pasó de ser un nombre propio a un concepto.

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De todas las historias tremendas de lo sucedido, la de los “liquidadores” es una de las más crueles. En esos días no había mucha claridad de qué pasaba con esa gente que veíamos en las fotos de los diarios. Fueron alrededor de 800.000 personas las que se utilizaron como robots descartables.

Ese año, Los Redondos sacan su segundo disco “Oktubre”, de allí “jijiji”
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Written by Juan Echeverria