Siempre me resultó muy apropiada la expresión “una verdad incómoda”, la que popularizó Al Gore al titular así a su famoso documental del año 2007. Dicho documental expuso ante la opinión pública, y de un modo muy potente, la necesidad de actuar ya mismo frente al cambio climático. Su título es certero porque en materia climática el auto-engaño es el lugar confortable donde la política prefiere ubicarse. Como si el no hacernos cargo fuera realmente una opción. Esa es una mentira cómoda.(1)

Dado que esa “verdad incómoda” es muy perturbadora, el autoengaño fue y es aún hoy una tentación enorme para la dirigencia política y empresaria global. Ese deseo de comodidad busca, de mil modos diferentes, la manera de soslayar un problema gigantesco. El desafío es tan grande que preferimos no sacar cuentas ni aplicar la lógica con él, como si el voluntarismo y los discursos fueran suficientes. Así vamos postergando de manera irresponsable la acción climática.

Desde 1992, cuando se adoptó la Convención Marco sobre Cambio Climático, la agenda internacional tiene un lugar reservado para este tema. Sin embargo, no se logró aún imprimirle una dinámica tal que nos aproxime siquiera a la gigantesca tarea por delante. Hubo marchas y contramarchas, hubo momentos de prometedora aceleración y momentos de estancamiento. El resultado es que muy poco se ha logrado en materia de disminución de emisiones de gases que afectan el clima, el tiempo se nos escurre de las manos y los peores pronósticos se van corroborando.

Hoy estamos en una situación crítica. A inicios de los 90 teníamos algún margen de tiempo, ahora nada. Pensemos que para realizar el cambio necesario que implica ajustarnos al desafío climático debemos realizar una transformación radical del modelo productivo global hoy fuertemente basado en combustibles fósiles. Contábamos en aquellos años iniciales con cierto margen de tiempo, esto significa un margen de maniobra vital para poder atenuar los impactos de esa transformación y atravesarla a menores costos económicos y sociales.

Hoy no tenemos tiempo para más demora. La ventana de oportunidad se nos ha reducido dramáticamente, es decir el tiempo disponible para actuar con alguna posibilidad de contener la suba de la temperatura global promedio entre 1,5°C y 2°C se nos ha acortado a casi nada.

Ya he comentado aquí en anteriores notas la situación en relación al «Carbon Budget» disponible. Hago ahora un breve repaso.

Acorde al Quinto Informe del IPCC del año 2014, el IPCC Fifth Assesment Report (AR5), las estimaciones indicaban que el carbon budget total para no sobrepasar los 2°C son de aproximadamente unas 3000 GtCO2. Teniendo en cuenta que desde la era preindustrial hasta el año 2011 ya se habían acumulado emisiones por algo así como 2000 GtCO2, entonces teníamos un remanente de 1000 GtCO2 para emitir desde el año 2011 hasta final del siglo. Bajo tales premisas, si tomamos que las emisiones globales anuales rondan los 49 GtCO2, de ese budget nos quedarían a 2018 tan solo 660 GtCO2 para estar debajo de los 2°C.(2)

Si con las mismas presunciones del AR5 estimamos el budget para 1,5°C nos arroja una estimación de unas 120 GtCO2. Esta cifra se consume por completo con sólo tres años de emisiones en el actual nivel. Esta es la razón por la cual soy completamente escéptico de cumplir con ese objetivo.

El Informe Especial publicado en 2018 por el IPCC ( Special Report: Global Warming of 1,5°C) trajo algunas novedades en materia de números, nuevas estimaciones un poco más optimistas u holgadas en relación al budget para 1,5°C. La cifra original (AR5 – 2013) de 120 GtCO2 se estima ahora en el SR15 (2018) en unas 420 GtCO2, lo cual amplía un poco más el tiempo disponible para consumir el budget de 1,5°C, un poco más de 8 años.

Como se puede ver, el tiempo es realmente escaso para lograr lo que sería una proeza, colocar a la humanidad en una trayectoria de reducción de emisiones que nos permita permanecer debajo de un aumento de 1,5°C. Sigo siendo muy escéptico al respecto.

Los carbon budget nos permiten construir trayectorias de emisiones para los años venideros. Estas trayectorias permiten diseñar el agotamiento de ese presupuesto de carbono de un modo tal que las emisiones se reduzcan lo más suavemente posible. Así surgen los diferentes modelos en base a diferentes hipótesis que se pueden adoptar para estimar dichas curvas, por eso, por lo general se dan rangos o bandas de trayectorias.

 

Cumplir un objetivo climático o una meta de temperatura máxima depende en gran medida de las emisiones acumuladas.

 

Estas diferentes curvas  o trayectorias de emisiones se corresponden con la misma cantidad de emisiones acumuladas o carbon budget



 

A finales de 2018 se publicó el «Emissions Gap Report 2018» por ONU Ambiente. Este informe actualiza anualmente los mejores escenarios de trayectorias de emisiones para cumplir los objetivos de 1,5°C y 2°C. Luego compara esas curvas con las proyecciones de las actuales tendencias en emisiones y los compromisos que los gobiernos han asumido hasta el presente. El informe muestra, en definitiva, el gap o la brecha que existe entre lo comprometido y lo que realmente habría que hacer en materia de reducción de emisiones para cumplir con los objetivos adoptados.

Cuando hablamos de lo comprometido por los gobiernos me refiero a los objetivos de reducción expresados en las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (CDN) o, por sus siglas en inglés, NDC (Nationally Determined Contributions).

El gráfico que muestra el informe de ONU es el siguiente:

Como se muestra en el gráfico, la disparidad de emisiones en el año 2030 entre el escenario basado en la CDN incondicionales y la trayectoria para cumplir los 2°C es de 15 GtCO2e. Esa diferencia con la trayectoria consistente con el objetivo de 1,5°C es de 32 GtCO2e.(3)

Sin embargo, la brecha o disparidad resulta más realista expresarla como la diferencia entre las trayectorias de 2°C y la de 1,5°C con el «escenario si se mantienen las políticas vigentes», puesto que aún hoy no estamos realmente en camino de cumplimiento de las CDN incondicionales. En ese caso la disparidad es de 18 GtCO2e y de 35 GtCO2e respectivamente.

¿Cuánto representan esas cifras?

Podemos dimensionar esos valores realizando algunas comparaciones. Si tomamos como referencia el volumen de las emisiones de la Unión Europea, los Estados Unidos y China, podremos visualizarlo mejor. China es el mayor emisor mundial de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y Estados Unidos y la Unión Europea, si bien hoy con emisiones a la baja, continúan siendo grandes emisores a escala global. Entonces comparemos:

El cuadro anterior sintetiza una situación de enorme gravedad, una verdad extremadamente incómoda. Allí se pone de manifiesto que el esfuerzo a realizar en los próximos años en materia de reducción de emisiones, es descomunal. Para limitar el aumento de la temperatura a 2°C debemos reducir a 2030, en tan sólo 10 años, casi el equivalente a la suma de las emisiones actuales de Estados Unidos, la Unión Europea y China. Si el objetivo es limitar ese aumento a 1,5°C, el esfuerzo necesario ronda en una vez y medio el valor anterior. Son cifras apabullantes.

No es posible imaginar que Estados Unidos, la Unión Europea y China pueden llevar sus emisiones a un valor cercano a cero en tan sólo 10 años. Esto implica que el esfuerzo necesario para reducir ese volumen de emisiones exige una tarea global sin precedentes, donde no hay margen para la inacción de ningún país. Ya no es posible pensar que el esfuerzo pueda ser realizado sólo por los grandes emisores históricos y presentes. Las cuentas así lo muestran.

Si bien todo nos indica que el esfuerzo de mitigación deba ser desarrollado por la comunidad internacional en su conjunto, esto no implica desconocer el principio asumido por la Convención en 1992, que señala que la acción climática debe contemplar «las responsabilidades comunes pero diferenciadas». Aún así, debemos reconocer que, debido a la inacción de los último 20 años, la diferenciación entre países es cada vez menos nítida. Ahora, dada la falta de tiempo y la dimensión del desafío, nos obliga a comprometer esfuerzos de todas las partes, de todos los países y desde hoy mismo. Esto complica extremadamente la política internacional y compromete la economía de todo el mundo.

No me voy a extender aquí en las consecuencias que implicará el aumento de los 2°C o las graves consecuencias de excedernos de ese límite, recordemos que en las actuales tendencias vamos a un aumento de, por lo menos, 3°C.

El propósito de esta nota es resaltar y poner de un modo lo más claro posible el esfuerzo que tendremos que desarrollar desde ahora en adelante. Este esfuerzo, aún en el mejor de los casos, implicará un cambio radical de las actividades productivas, en economías nacionales y regionales, y todo eso implicará fuertes crisis y tensiones sociales. Administrar esta transición es unos de los desafíos mayores para los gobiernos y la sociedad en su conjunto. No todos los actores sociales querrán hacer tales cambios en tiempos tan breves. Pensemos que en el seno de nuestras sociedades arrastramos situaciones de desequilibrio y postergaciones históricas. Al desafío de reparar tales desigualdades tendremos que procurar que los cambios que se vienen, como mínino, no las agraven o exacerben aún más.

Para decirlo de un modo sencillo y asumiendo un escenario de aumento de la temperatura de 2°C, en la próxima década debemos reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero. El sector de la energía deberá ser a corto plazo -en la década venidera- quien lidere esa rápida transformación. Este sector tiene la responsabilidad de acelerar la velocidad de su transición hacia fuentes renovables ya que su actual desarrollo tecnológico permite hacerlo, además de ser el mayor contribuyente en el total de emisiones.

La transición energética deberá posibilitar en los próximos 10 años reducir a la mitad el consumo de combustibles fósiles. Para dimensionar la magnitud de este desafío, observemos que, a escala global, los fósiles representan el 80% de la producción de energía, en nuestro país la contribución fósil trepa al 87%.

La deforestación es otra de las componentes de emisiones que deberán ser reducidas a cero en muy corto plazo, a partir de 2020. Junto con la energía, la «deforestación cero» hará posible cerrar la brecha entre las emisiones actuales y una reducción del 50% en 10 años. En nuestro país, para nuestra economía doméstica, el desafío es inmenso, tanto para las provincias petroleras y como para aquellas que hoy apuestan a la expansión de la frontera agropecuaria en detrimento de áreas boscosas. Es obvio que tal esfuerzo no lo podrán hacer por sí solas.

En síntesis, todas las cifras anteriores y los brevísimos plazos con que contamos, explican el por qué estamos frente al mayor desafío en materia de desarrollo, con enormes implicancias económicas y sociales. Estamos ante un cambio civilizatorio que deberá producirse a una velocidad que no tiene precedentes en la historia humana.

No hacerlo no es una opción, ni siquiera imaginable.

Cali

(luego continúo con lo que se viene en materia de elevación de la ambición de las NDC y las metas de largo plazo, lo que ya que está ocurriendo)

NOTAS:

(1) El documental producido por el ex vicepresidente Albert Arnold «Al» Gore «Una verdad incómoda» (An Inconvenient Truth) resultó en un gran aporte para la discusión global y el conocimiento público acerca del cambio climático. Se convirtió en una pieza muy oportuna y un análisis agudo del entramado político en torno a las discusiones climáticas. Posteriormente, hubo varios documentales de este tipo, pero «Una Verdad Incómoda» sigue teniendo una vigencia notable.

(2) Todas las estimaciones están dadas para un rango de probabilidad de ocurrencia del 66%, es decir que con tales valores de emisiones hay una probabilidad del 66% de que se permanezca debajo de los 2°C. En los rangos utilizados por el IPCC, el 66% es calificado como «probable». Todos los valores, para simplificar la explicación están dados en ese nivel de probabilidad que es lo usualmente utilizado.

(3) Las CDN incondicionales son los compromisos asumidos por los países y cuyo cumplimiento corresponde a un esfuerzo propio. Las CDN condicionales son el compromiso que se expresa condicionado a la existencia de ayuda financiera externa para realizar ese esfuerzo extra.

Written by Juan Carlos Villalonga