Había que esperar a que el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donal Trump, adoptase sus primeras medidas para confirmar el peor de los pronósticos sobre su programa de gobierno. Su gestión es tan intolerante, prejuiciosa y disruptiva como fueron sus dichos durante la campaña. Claramente, se trata de la peor opción en el peor momento.

Estamos atravesando una crítica situación en relación al cambio climático, el mayor desafío civilizatorio que enfrentamos. La ventana de oportunidad para actuar y evitar así las peores consecuencias del mismo, se nos está cerrando aceleradamente.

Nos encontramos con una creciente disconformidad para con la democracia occidental por las deudas sociales que ésta aún no ha podido saldar. Crecen populismos y demagogos que prometen peligrosas soluciones simplonas ante una ecuación naturalmente compleja. El propio Trump entra en esta categoría.

La globalización, imparable por el desarrollo tecnológico y cultural del mundo, está generando fuertes reacciones políticas como consecuencia de los daños colaterales que su vertiginoso desarrollo ha producido. Acuerdos políticos y comerciales regionales comienzan a estar en situación de debilidad frente a corrientes de opinión aislacionistas y xenófobas.

La radicalización y propagación de expresiones religiosas dogmáticas encuentran un contexto favorable. El surgimiento en la última década del Estado Islámico es quizás su expresión más letal y compleja de controlar.

Enfrentamos una crisis de proporciones en cuanto al acceso a los recursos naturales. Destrucción de ecosistemas, agotamiento de recursos no renovables y una población que crece de manera inexorable y que naturalmente demanda equidad.

Este mundo necesita de líderes, ciudadanos e instituciones que promuevan el perfeccionamiento de la democracia, fortalezcan los sistemas de gobernanza global y los pactos internacionales, que promuevan la tolerancia e incentiven el desarrollo de la ciencia y la tecnología en clave de sostenibilidad. Ninguna de estas tareas admite repuestas fáciles y rápidas, pero eso no implica la viabilidad de lo opuesto.

En este contexto, la presidencia de Donald Trump, en el país más influyente del planeta, es un factor de exacerbación de los problemas enunciados. Claramente, la peor opción en uno de los peores momentos.

Cali

Written by Juan Carlos Villalonga